Veo en Internet un aviso que dice algo así como “Encuentro de Jazz” con un agregado que más adelante contaré. Salí de facultad y como estaba tan aburrido me mande para ahí. El encuentro era a las 21.30 en un club del centro y llegue medio temprano. Entro a un club muy lindo pero cualquier cosa menos de pinta de toque de jazz, igual me quedé.
La situación era la siguiente: dos trompetistas, dos tecladistas (pianistas), dos bajistas, un saxofonista con acento europeo, un guitarrista y un baterista. El promedio de edad era de mil años, el batero estaría pisando los setenta (tipo Charlie Watts pero con terrible quincho) y los más jóvenes serían el saxofonista y un tecladista que tendrían treinta largos. Los demás, veteranos mismo, sin exagerar.
Comienza el toque y no había nadie, solo yo, ellos y la mujer de uno con los dos hijos que después se fueron.
Resultó ser una terrible Jam Session, o como después me vengo a enterar “una parrilla”. ¿Qué es eso? Bueno, el jazz creció en las Jam Session, que se hacían en boliches donde uno iba, pedía para tocar y tocaba. Yo fui a eso, y era uno de mis sueños como músico, tener el nivel de ir y sin conocer a nadie encarar a estos moustros y decirles: ¿Puedo tocar? Yo me animo!
Me quede en la barra, me pedí un cerveza, después otra y unas fritas y me queda a disfrutar de estos moustritos. Una cosa que note es que los códigos que se maneja en el ambiente de jazz son diferentes a los códigos que se manejan en el rock, que es lugar de donde vengo. Me quede esperando que se diera el momento, pero era muy difícil y no me animaba a encarar a nadie, porque no sabía como me podía sentir tocando con ellos y me daba miedo de hacer un tremendo papelón. Yo estaba solito en la barra.
En un momento uno de los pianistas (que tendría cincuenta y pico y no estaba tocando), se puso al lado mío, se pidió un whisky y se puso a hablar con la minita que atendía. Yo me quedé ahí cagandome de la risa del loco porque la verdad que era muy gracioso.
En eso nos pusimos a hablar y nos pusimos a hablar de cualquiera. Yo que creo que el loco se acerco porque es raro de ver, para ellos, a un pendejo que vaya a ese lugar a escuchar a unos viejos hechos mierda tocando jazz.
Era mi oportunidad, era el momento de decirle que yo me animaba. Tenía los nervios de un levante, entre el loco que se quedaba ahí y yo con ganas de decirle para tocar.
En eso le digo: -Me encantaría, y si es posible poder tocar con ustedes, yo soy baterista-
¿A sí me dijo? Que bueno, no hay drama. Pero sonaba más a cumplido que otra cosa. Me pregunto si estudiaba música y le dije que ahora no (pfff, nunca estudié). Y bueno, le tuve que tirar un par de mentiras más porque si le decís que nunca fuiste a un profesor ni nada, la carta de presentación era tan lamentable que no me iba a dejar tocar.
Bueno, cuando termino el tema el viejo se acerco al batero, hablan, me mira y el batero me llama. Me dice: -¿conoces este tema?- Yo ni puta idea, pero le digo: -No, pero puedo improvisar- Me mira y me dice, -bueno te dejo el otro porque este tiene unas partes difíciles-
No tenía nada de difícil pero bueno, mejor. Termina el tema y me vuelve a llamar. Me mando, y todos me dan para adelante. El saxofonista con acento europeo me dice –¿Que queres tocar?- No se, le digo. ¿Jazz? Bueno, hacemos un swing que es fácil.
Empecé a tocar, no podía creer. Estábamos todos, los demás músicos miraban como la carne fresca aparecía tocando. Todo bien, mil miradas y un montón de diálogos entre los que estábamos tocando.
Estaba tocando con gente que nunca había visto en mi vida y tocando una canción que nunca en mi vida había escuchado. Pero ta, ahí estaba yo, con todas las miradas puestas en mi. En la mitad de la canción el tecladista me dice. -Solo de bajo- (que es como mas suave) luego me pregunta si hacia un solo. Le dije que si, y el saxofonista me volvió a preguntar si hacia solo. Le dije que si también. Todo esto mientras tocábamos. Increíble. Bueno llego mi solo, tranqui, bien, pero como no conocía el tema no sabia hasta donde iba. En eso, veo que el veterano pianista se pone atrás mió y me cantaba la canción mientras yo hacia el solo. De esta manera me podía dar cuenta hasta donde iba la figura que ellos tocaban, pero no tocaba nadie, era mi solo. Bueno, termino el solo y enganchamos todos muy bien.
La canción termino. Y todos me felicitaron, sobre todo el veterano pianista que me re dio para adelante.
Me bajo de la bata y agradezco a todos, con un terrible respeto y cariño a todos, y con una sonrisa que llegaba de oreja a oreja. El batero me pregunto si conocia la cancion, como le dije que no me dice: -Ha, entonces, solo seguiste el tiempo- Fue gracioso, pero lo dijo sin ninguna maldad.
Bueno, a los dos minutos el veterano pianista me pide que toque con el otra. Hicimos una bossa nova que empezamos el, yo y el bajista y se sumo el trompetista y el saxofonista.
Todo mágico, soñado.
Cuando me bajo, todos vinieron con terrible respeto a darme su aliento y juro que era yo el que agradecía por darme la oportunidad.
Me puse a hablar con el pianista (el joven) que me ofrecía para hacer un trío free (o sea jazz abierto, con todas sus variantes). La idea era él como pianista, yo en la bata y un contrabajista. ¿Un contrabajista? Creo que mi cara sería un poema, no podía creer lo que me estaba ofreciendo este animal.
Después se me acerco el pianista veterano y me dijo que tenía un terrible tempo, y que le gusto mucho tocar conmigo. Una locura.
Uno de los trompetistas, vino también para pedirme el teléfono y me dice: -Nosotros tocamos con el viejo (el batero), pero esta por palmar. Lo sacamos del ataúd los martes y lo traemos para acá-
Jaja. Bueno, mi corazón explotaba, sentía (y siento) una alegría impresionante.
Fue mágico e increible. Todavía no puedo creerlo.
PD: La perlita fue que el trompetista, que era un animal, me trajo su tarjeta y decía: “Fulano Zaraza – Maestro panadero, confitero”.